15/3/09

Enormement feliç

Diuendres Aleksandra, polaca qu'estudie en UK, vegetariana e divertida, me didec que me volie coma bessoa tara Twin Party d’aquera net. Mo n’anèrem alavetz entara Rue Sainte Catherine ara recerca de bèra causa interessant, e acabèrem damb ua samarreta ròsa a on se liegie: Boys will be toys. It’s funny!, non paraue de repetir-me. Jo escuelhí era diadèma, deth madeish ròsa estrident, que me rebrembaue a quan encara non lheuaua dus pams de tèrra e coleccionaua diadèmes en cap deth lhet. Fin finau, siguerem tres bessoes e non dues, e era nòsta samarreta causèc mès d’un comentari. 

Dissabte auerem cita nacionau damb era religion de Canada: eth hockey. Dehòra deth Centre Bell mafiosi damb alent a alcohòl venien descaradament tickets ilegals entath partit. Dilhèu ei que mos manquèc talent negociador, eth cas ei qu’eth nòste intent de trapar entrades tara arena de mens de 100$, quedèc en aquerò, en un intent. Deciderem alavetz cambiar es grades per ua taula en  sportsbar, a on es americans qu’èren damb jo minjauen nachos + ketchup + hormatge + mayonesa, entot que cridauen  e beuien litres de cervesa. Es Montréal Candiens perderen contra New Jersey.

Aguesti dies Montréal comence a delir-se, eth cèu dèishe entreveir es prumèrs arrais de primauera, era gent gòse caminar sense guants e daurir era hièstra dera mia cramba peth maitin ei ua ventada d’aire fresc, que ja non me congèle. Aué ère un bon dia entà dar un torn peth carrèr, atau que dempús d’amassar-me damb Pierre e Radia ena universitat entà acabar de premanir eth nòste Project d’Importation, è anat a dar un torn, damb era soleta companhia der iPod en que, de forma ja sistematica, s’escoten cançons de ABBA.  En arribar en casa è rebut ua notícia que m’a hèt enormement feliç. Lèu, ben lèu…

3/3/09

New York, New York

Monday: Sònia, Cristina y yo cogemos en la gare de Montréal el autobús a las 11 pm. Siete horas más tarde agacho la cabeza y miro a través de la ventana y allí está, la capital de facto del mundo. Está todavía todo cerrado y nos dirigimos al Apple Store 24/7 a enviar mails: Ya hemos llegado y aquí no hace ni la mitad de frío que en Montréal. Hacemos el check in en el hotel, en pleno corazón de Manhattan, en la 5th avenue, y organizamos nuestra semana con la ayuda de la guía “Top 10 NYC”. Casi todo me resulta familiar: El edificio Chrysler, a partir de ahora mi skycraper favorito, el Rockefeller Center, mayor complejo privado del mundo, la tienda de juguetes FAO, que hubiese sido mi paraíso quince años atrás, los taxis fosforitos que colorean el asfalto de las calles. Nos colamos en el lobby del hotel Plaza y el lujo suntuoso nos embriaga. Nos vamos hasta territorio de nadie, lugar neutral: la sede de las Naciones Unidas, una espectacular  torre rodeada de las banderas de los países adheridos a esta organización internacional. Y no, no ondea la bandera del Estado del Vaticano.

Tuesday: Atravesamos Central Park dirección al zoo de NY. El pulmón de Manhattan presenta un marrón sombrío, deseoso de primavera.  El zoo es algo más cómico que interesante. No hay leones, ni delfines, ni elefantes. Tan solo algún loro parlanchín y un oso polar, aburrido y harto de flashes indiscretos. Así que nos vamos al MET y allí pasamos mil horas. Imposible visitar este inmenso museo en un día. Arte romano, griego, egipcio… y por supuesto, una gran representación de pintores de los nuestros: Dalí, Picasso, Goya. Nos hemos ganado un descanso, y nos dejamos aconsejar por nuestro nuevo amigo griego y acabamos en un pub en el que juegan a beer pong tomando unos combinados.

 

Wednesday: Símbolo de libertad para aquellos que buscaban en América una vida mejor, la estatua de la Libertad me entusiasma. Las vistas que desde allí se divisan me hacen pensar en las mentes maravillosas de aquellos que son capaces de proyectar edificios como los que veo.  Hacemos escala en Ellis Island, y corroboro que el fenómeno migratorio en NY es algo más que parte de su historia. Atracamos en Wall Street, corazón financiero del mundo. Debe ser allí donde se cocinó la crisis de la que se habla por igual en Barcelona, Vielha, Montréal o NY. Después de haber pasado mil veces por delante de sus escaparates, caemos en la tentación y entramos en Tiffany's. Cristina se compra la famosa pulsera del hearth y yo cierro los ojos y me imagino siendo Audrey Hepburn con un inmenso diamante en mi anular.

Thursday: El MOMA es un museo curioso. Me hace ilusión ver los cuadros de la Sopa Campbell y el retrato de Marilyn Monroe de Warhol, y nos cuestionamos ciertamente si es arte un cuadro cuyo lienzo está en blanco. Obama, Daniel Craig, Rosa Parks y Hemingway nos esperan en el Madame Tussauds, el museo de cera. Estar en Times Square es una sensación imponente. Pantallas, anuncios, carteles, gente, tráfico, luces que no se apagan en todo el año. Y en las calles, contraste: sintecho que buscan la solidaridad de los turistas: miseria y poder, lujo y basura, latinos, raperos, limousines, dólares. Y no hay necesidad de hablar inglés, porque el “éspanish” lo habla muchísima gente. Cristina, cinéfila hasta la médula, dice que ir a NY sin pisar un teatro de Broadway es un delito. Así que compramos una entrada para el musical Mamma Mía!, del que salimos con la alegría en el cuerpo y con ganas de ¡bailar!

Friday: Desde el Empire State Building, el edificio más alto de la ciudad después del 11S, se observa el skyline de NYC. La vista no me alcanza para ver los más de 4000  rascacielos que se alzan ante mi. Hacemos ruta hacia el Museo de Historia Natural y no acabamos aclarando si los dinosaurios son maquetas o esqueletos auténticos. Paseamos por el Uper West Side y aterrizamos en el Lincoln Center. Por la noche, toca fiesta. Salimos por primera vez de Manhattan y nos dirigimos hasta Brooklyn, donde Viqui, y los dos Santis, todos de Barcelona, viven desde hace unos meses. Acabamos de fiesta en el garito más perdido de NY, con franceses con camisa almidonada al lado de raperos negros, claro ejemplo del melting pot.

Saturday: Meeting con Júlia, que llega desde Boston. ¡Quina il·lusió veure’t! Una mala jugada la noche anterior le hace ir coja, pero a pesar de todo, pateamos la ciudad y nos vamos con toda la troupe de catalanes y americanos a comer en uno de los restaurantes más chic del NY: Pastis. Descubrir los baretos de la nueva zona cool de la ciudad, el Soho, gusta. Pero que te pidan “one thousand dollars” por entrar en una private party, duele. Así que nos vamos a una garito con música en directo a jugar curling de mesa. Santi me plantea montar una esquiada en Vermont y me gusta la idea. Nos vamos a su casa a cenar, y Viqui nos invita a pernil del bo que ha colado en la maleta, y nos quedamos hasta las tantas de copeo, juegos, risas, bromas, jijí, jajá. El apartamento es todo un espectáculo: bicis colgadas en el techo, tres neveras, quince habitaciones. Son las cinco y hay un loft cerca de la casa en el que alargan la fiesta. Al llegar, me pregunto si por qué no tengo una réflex para captar lo que veo. Santi asegura que es en sitios como éste del que salen las nuevas tendencias. ¡Vaya pintas, vaya espectáculo! Cris y Júlia se han retirado antes y me quedo a dormir con ellos. Acabamos durmiendo los cinco en una habitación, que el rubio-del-pollo está un poco loco y nos  da miedo (…).

Sunday: Me despierto a correcuita, que tengo que dejar la habitación del hotel. Sònia, todo dulzura, coge conmigo el tétrico metro de NY. Con la resaca de la noche anterior y el cansancio de un no parar nos vamos hasta Chinatown. Rolex, lady? Tu querer Louis Vuitton? What are you looking for? Are you italian? Come on, I’ve Ray Van! Barato, auténtico! Pay attention, the police is there! Y como no podía ser menos, comemos en un chino. Despedida de la ciudad en el café donde Bruce tocó sus primeros acordes. Hoy un pelirojo adolescente intenta emular al Boss. Al salir, tomo la última foto del viaje, esta de la izquierda: Can you take a picture, please?. Yes, of course. Le doy mi cámara a una chica que pasa por allí, pero no la coge a tiempo; cae al suelo y se peta la pantalla. ¿Para qué enfadarse? El viaje ha salido redondo y al llegar a Montréal compruebo que, almenos, las fotos se han salvado.